En una decisión polémica, la Cámara de Representantes de Estados Unidos, controlada por el Partido Republicano, aprobó un proyecto de ley para renombrar el Golfo de México como Golfo de Estados Unidos, con 211 votos a favor y 206 en contra.
La iniciativa fue presentada por la representante Marjorie Taylor Greene, aliada cercana del expresidente Donald Trump. Durante el debate, Greene argumentó que el cambio de nombre fomenta el orgullo nacional y subraya la influencia estratégica y económica de EE. UU. en la región. La legisladora lució una gorra roja de Make America Great Again durante su intervención.
La medida sigue a una orden ejecutiva firmada por Donald Trump durante su primer día en el cargo, aunque dicha orden solo tiene alcance dentro del territorio estadounidense. El proyecto legislativo busca ahora hacer vinculante el cambio en documentos y mapas oficiales de agencias federales.
Los republicanos argumentan que el nombre actual del Golfo responde a una época de dominación española, y que es momento de reconocer el poder geopolítico y económico de Estados Unidos. Es justo que se le nombre adecuadamente, dijo la republicana Lisa McClain, presidenta de la Conferencia Republicana.
En contraste, los demócratas criticaron duramente la medida. El líder demócrata Hakeem Jeffries calificó la propuesta como una legislación tonta, mezquina y servil. La representante Mary Gay Scanlon cuestionó el uso de tiempo y recursos públicos para una medida absurda.
Aunque el proyecto fue aprobado en la Cámara Baja, aún no está claro si el Senado estadounidense, donde los demócratas tienen mayor influencia, lo respaldará. Sin su aprobación, la propuesta quedaría estancada.
Dado que el Golfo de México es una región compartida con México, este cambio no será reconocido fuera del territorio estadounidense. México, organismos internacionales y otros países no están obligados a adoptar la nueva nomenclatura.
En medio de esta controversia, también resurgió el conflicto entre la Administración Trump y Associated Press (AP), ya que la Casa Blanca restringió el acceso de la agencia a eventos presidenciales por no adoptar el nuevo nombre. Un juez federal ordenó recientemente restaurar el acceso de AP, citando la Primera Enmienda y la libertad de expresión.
Muchos demócratas acusaron a los republicanos de perder de vista los verdaderos problemas. El congresista George Latimer afirmó: Nadie clama por renombrar un cuerpo de agua. Quieren facturas de supermercado más bajas, no simbolismos vacíos.