El satélite científico concluyó su misión y se desintegró durante su regreso a la Tierra, después de estudiar fenómenos cósmicos durante más de dos décadas.
El observatorio espacial Neil Gehrels Swift de la NASA concluyó su misión después de casi 22 años de operaciones, al reingresar a la atmósfera terrestre el pasado 4 de noviembre. El satélite fue diseñado para estudiar algunos de los fenómenos más energéticos del universo.
La agencia espacial informó que el reingreso ocurrió sobre la región de Sumatra del Norte, en Indonesia. Durante su descenso, la mayor parte de la estructura se desintegró por el intenso calentamiento provocado por la fricción con las capas atmosféricas.
Swift fue lanzado en 2004 y se convirtió en una herramienta importante para estudiar explosiones de rayos gamma, uno de los fenómenos más poderosos conocidos en el universo. Sus instrumentos también permitieron observar diferentes objetos y acontecimientos astronómicos.
La actividad solar reciente contribuyó a acelerar el descenso del observatorio, debido al aumento de la resistencia atmosférica sobre su trayectoria orbital. Los intentos para prolongar su funcionamiento mediante una maniobra de elevación de órbita no consiguieron concretarse.
Aunque el satélite dejó de operar, los datos recopilados durante su extensa misión continuarán siendo utilizados por investigadores y especialistas. La información obtenida permitió ampliar el conocimiento científico sobre explosiones estelares y otros acontecimientos que ocurren a grandes distancias.
El final de Swift representa el cierre de una misión que superó ampliamente su duración inicial prevista. La NASA destacó el valor de sus observaciones y el legado científico que deja para futuras investigaciones y proyectos de exploración espacial.